En este apartado me gustaría hablaros de mi experiencia personal.
En primer lugar, os presento a Lana, que un año más tarde a su nacimiento pasó a ser Bartolo.
(En la página de "conejos" podéis comprobar en las descripciones que cuando son muy pequeños es difícil identificar su género)
Una tarde fui a un centro comercial y decidí entrar a la tienda de animales ya que tengo pasión por ellos, y allí fue donde le vi. Lana era un pequeño conejo de raza "Belier" con un mes de vida. Estaba rodeado de otros muchos amiguitos pero era el único conejo que se mantenía solo y en una esquina. Un mes después, volví a pasar por la tienda y estaba en el mismo sitio. En ese momento decidí llevármelo y darle una vida feliz.
Durante 7 años tuvimos a Lana de mascota. Era un conejo muy amigable, no atacaba a nadie, podías jugar con él, cogerlo, acariciarlo, etc. Además, era un glotón. (Siempre que abríamos el frigorífico se inclinaba para ver si caía algo, era demasiado listo).
Lana cada año iba a sus revisiones veterinarias y tenía una alimentación sana y saludable. Su jaula estaba en perfecto estado y además corría todos los días por casa para ejercitarse.
Después de 7 años, Lana calló enfermo. En casa pasamos a llamarlo "nuestro pequeño ángel caído en silla de ruedas" (llegamos a encargar una silla de rueda a medida para él, pero no podía tirar de ella). Así es, perdió su movilidad en las dos patas traseras por lo que ya no podía andar, solo arrastrarse, mientras le quedaron fuerzas. Cuando dejaron de quedarle fuerzas, durante un mes y medio, teníamos que bañarlo diariamente, sacarlo con secador, intentar sanar sus heridas de estar siempre tumbado en una misma posición, ponerle pañales, y darle todo nuestro amor. Era como un bebé, y era muy agradecido cuando le teníamos en brazos. A pesar de estar enfermo, te lamía el brazo en todo momento, era su forma de agradecer todo lo que hacías por él.
Recorrimos varios veterinarios sin solución alguna, pues todos decían ser expertos en animales exóticos pero ninguno era capaz de diagnosticar su enfermedad o ayudarle. Más tarde, encontramos un veterinario en Murcia increíble, y este, fue quien por fin nos pudo ayudar.
Lana probó varios tratamientos y luchó por su recuperación, pero no fue suficiente. Dos meses más tarde, habiéndose quedado muy débil y con un peso anormal, decidimos cortar el sufrimiento y dormirle para que pudiera descansar en paz.
A día de hoy, cada vez que mi economía me lo permite, realizó donaciones a las protectoras que tienen conejitos a su cargo, tanto con salud, como con el mismo problema o similar. De este modo, tienen más facilidades y recursos para darles una vida mejor y poder ofrecerles todos los cuidados que estos animales tan delicados requieren.

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