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martes, 12 de noviembre de 2019

ROSEICOLLIS





El agaporni roseicollis pertenece a la familia de los Psittaculidae, originarios de África, de los que son familiares lejanos. Vulgarmente, algunos los llaman las aves “inseparables”. De hecho, su propio nombre viene de la palabra griega ágape, que significa amor o afecta, y ornis, que significa ave.

Dado que el macho y la hembra son inseparables, pasan mucho tiempo juntos, se arreglan las plumas el uno al u otro o se acurrucan juntos, es un nombre que le viene muy bien.

Los agapornis suelen ser animales bastante confiables con el ser humano, aunque mucho más con lo de su propia especie y otras aves. Por norma general no suele ser un animal violento ni que suela atacar, salvo que sea sienta muy amenazado.

La jaula, el hogar de tu agaporni, no puede ser de cualquier manera. Hay que comprar una jaula que sea de buena calidad, a fin de cuentas, será dónde viva el ave durante toda su vida.

Se suele decir que “cuánto más grande mejor”, pero tampoco hay porque “irse a lo más grande”. Para una pareja, por ejemplo, la jaula tendría que ser de 1 metro de largo, 0,5 metros de ancho y 0,5 metros de alto. Por lo que para el caso en el que se va a tener una sola tiene que ser una jaula de 0,5 metros de largo y 0,47 metros de alto y de ancho. Pero lo mejor es que sea una pensada para dos aves, porque así tiene suficiente espacio para volar. Además, las jaulas siempre tienen juguetes y otros entretenimientos dentro, por lo que se acaban haciendo pequeño. La forma de la jaula es tan importante como el tamaño. No debe ser redonda, ya que esto provoca inseguridad al no tener un punto de referencia con el que sentirse tranquilos, puesto que todos los puntos de la jaula son iguales. Tampoco tiene que ser una jaula con forma de casita, ya que, al estar fabricadas en su mayoría por plástico, esto imposibilita que puedan trepar por las paredes. Así que, la mejor opción es una jaula rectangular con barrotes horizontales para que se puedan agarrar con las patas o el pico. La distancia entre los barrotes no debe ser de más de 1,5 cm, evitando así que puedan meter la cabeza entre ellos y morir por asfixia.

La alimentación de los inseparables papilleros es bastante importante, puesto que suelen tender a engordar sino salen de su jaula para estirar las alas. Por eso su dieta tiene que estar compuesta por una dieta equilibrada.

Lo normal es que los agapornis coman una mixtura que esté compuesta por diferentes tipos de semillas de un tamaño medio, en las que no haya pipas ni tampoco grasas que puedan hacer engordar al animal. Estas se encuentran en el mercado, siendo la composición ideal: un 40% de alpiste, un 12% de mijo amarillo junto con un 12% de mijo blanco, 8% de cártamo, 4% de trigo sarraceno un 6% de cañamón, un 2% de avena pelada, un 6% de mijo rojo, un 6% de linaza y un 4% de negrillo.

Sin embargo, el agaporni puede tomar otro tipo de alimentos, para garantizar el buen estado de su salud esto es indispensable. Así pues, algo extra que se les puede dar es un pienso pensado especialmente para ellos, lo que les aportará muchos nutrientes que les ayudará a estar sanos.

CONSEJOS PARA CUIDAR BIEN DE ELLOS:

Es importante no pasarse dándole golosinas, ya que engordan con facilidad. Hay que acostumbrarles a que un beso, una caricia o una alabanza también pueden ser un premio.

Al intentar adiestrarlo es importante que los entrenamientos no superen los 20 minutos, para que no se agote. Con que practique 20 minutos al día, estará feliz con el dueño.

Es posible que, si intentas darle de comer de la mano, al principio te picotee. En este caso no hay que apartar la mano, ya que entenderá que su pico es su arma y lo podría usar para atacar.

Al establecer un vínculo con el ave, como tocarlo, hay que estar tranquilo, ya que detectan el nerviosismo y esto hace que también se pongan nerviosos.

No hay que gritarle ni tampoco hacerle daño, pues esto genera miedo y desconfianza.

Debe pasar por lo menos 22 horas dentro de su jaula, para que no se acostumbre tanto al exterior. Está bien dejar que salga de la misma, pero que sea solo para comer de tu mano o para enseñarlo a los amigos cuando esté adiestrado.

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